lunes, 30 de diciembre de 2013

Uno

Copyright 2014.


Historia creada por Mar de Garrido.


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1.


Las luces de la casa estaban encendidas. Las farolas de la calle tenían una tenue luz que se estaba extinguiendo. No eran altas horas de la noche, pero no había nadie en las calles de Capri, mi pequeño pueblecito, así que monté en la bicicleta y seguí pedaleando hacia las costas. A medida que me iba acercando, las olas rugían con mas fuerza. Pronto llegue al acantilado. Allí baje por unas rocas, cuidando de no romperme la crisma, y pronto llegue a la playa.


Recordé que no había llamado a mi madre para avisarle de que llegaría tarde aquella noche. Saqué mi móvil de la bandolera azul que me había regalado mi tía de México, y marque el móvil de mi madre. No contestaba. Seguramente estaría viendo una aburrida telenovela en la televisón, tumbada en el sofá, con una manta, comiendo palomitas hasta más no poder. Pero yo no la culpaba. Desde el accidente no era la misma mujer que antes.


Le dejé un mensaje de voz y apagué mi móvil. Tiré la bandolera en la arena y metí el móvil dentro. Me quité la camiseta y los pantalones cortos, quedándome solo con el bikini puesto. Era verano, y Capri era un pueblo en el que se estaba genial incluso en invierno, y las aguas eran cálidas durante todo el año.


Me zambullí en el agua y al instante, todas mis dudas y preocupaciones se fueron disipando de mi cabeza, como la niebla de la mañana.


Nadé por los corales, porque aquí, en la bahía de Capri los corales aparecen a poca profundidad y muy cerca de la playa. Por suerte los turistas y casi todos los veteranos que visitan la bahía no saben de este lugar secreto que utilizo para nadar tranquila. No sé cuanto tiempo estuve nadando, sólo se que pasó al menos una hora, y que solo salí del agua tres veces para coger aire. Las yemas de mis dedos no se arrugaban y el paso del tiempo dentro del agua para mí era indeciso, era algo que no podía averiguar sin salir del agua, y eso era algo que no estaba en mis planes.


Empezaba a recibir unas malas vibraciones, como si el mar me enviara una señal de que estuviera atenta. Al cabo de un rato más, un destello de luz eclipsó todo el mar, y no pude ver nada durante unos segundos más. Aquello no me había pasado nunca. Entonces, después de aquel haz de luz, algo se movió en la oscuridad. Era algo larguirucho y escurridizo, pero gigante. Era como una anguila pero muchísimo mas grande y malvada, o al menos esa impresión fue la que me dio a mí.

Entonces, algo viscoso empezó a rodearme, como si fuera una serpiente. No podía soportar la presión que me hacía aquella cosa, era como si te estuvieran dando un abrazo con todas sus fuerzas, ahogándote.


De repente, no sé si fui yo o algo mas poderoso, pero, una ola gigante expulsó al monstruo de mi cuerpo.


Entonces y sólo entonces, pude escuchar una voz.


Esa voz me resultaba extrañamente familiar.