2.
Aquella voz era extrañamente familiar, la piel me picaba al escucharla.
La voz retumbaba al fondo de la playa.
"Hola pequeña. He estado esperando este momento desde hace tiempo"
- ¿Quién eres...?
"Ah, claro, qué olvidadizo que soy, sí, eso, soy tu padre"
- ¿Qué dices? Mi padre murió hace años...
"Ah, supongo que te habrán contado esa mentira"
Mientras 'mi padre' hablaba, se me revolvía el estómago.
- ¿Puedes explicármelo mejor?
"Sí, claro, tienes trece años, ¿no...? Empecemos desde el principio. ¿Sabes esas historias sobre dioses y héroes griegos y romanos? Pues son verdad. Todas. Y yo soy tu padre. ¿Adivinas quién soy?"
Reflexioné.
Mi padre era un dios, así que si aquello era verdad, yo sería una semidiosa, como Hércules, ¿no?
Ahora tenía que averiguar qué dios era mi padre. Veamos, acaba de alejar un monstruo marino y estamos él y yo respirando bajo el agua. Yo creo que estaba muy claro.
- Tú eres... Poseidón... Mi padre.
"Chica lista".
- Y... ¿Por qué has venido justo hoy?
"Cosas de dioses, Ally, y también en parte porque necesito un favor tuyo. Otros dioses amigos míos me han contado que tienen hijos aquí, en Capri. Pero como ya sabes, los dioses somos muy perezosos. En fin, que tienes que encontrar a esos semidioses"
- ¿Yo? ¿Y cómo sabré que son semidioses?
"Muy fácil. Los semidioses y los sátiros, además de los dioses, y claro está, los monstruos también, detectan el aura que desprenden los semidioses. Pero ten cuidado, muchos monstruos rondan por Capri, por eso, te tengo que regalar algo"
Un paquete salió de las profundidades. Lo atrapé y lo sujeté con las manos.
"Míralo cuando estés a salvo, en tu casa. Tu casa tiene un campo de fuerza que no deja pasar a los monstruos, así que allí estarás tranquila"
- ¿Y qué hago con los... semidioses?
"Lo verás cuando llegue el momento, y, recuerda, ahora tienes al mar dentro de tí"
No sabía qué quería decir con aquellas palabras.
Y con eso, en las profundidades se produjo una pequeña tormenta.
Deduje que Poseidón había hecho su escena de salida.
Me encaminé nadando hacia la playa, y con sorpresa, al salir del agua noté que mi bañador no se había mojado.
Y todavía no había acabado con las sorpresas. Una gigante arpía me estaba esperando en la orilla.
- Bueno bueno, hija de Poseidón, diocesilla, qué honor... Un gran honor es matarte para mí.