5.
La sala estaba llena de máquinas espeluznantes, que hacían ruidos y colores extraños, como si fuera una especie de máquina destructicva, preparada para atacar en cualquier momento. Pero eso no era lo que más miedo me daba. Allí, en medio de toda la maquinaria, estaba mi madre haciendo cosas con ella. Ahogué un grito histérico.
- ¡Mamá! - grité, con los ojos como platos - ¿Qué es todo esto?
Me respondió con una sonrisa.
-Supongo que ya ha llegado la hora. ¿Ya lo sabes todo, no? - me dedicó una mirada llena de tristeza y melancolía.
-Esto...Sí.
-Y tu padre te ha encomendado LA misión - recalcó el LA, y eso me hizo temblar, ¿tan importante era? - Qué perezoso es tu padre.
-Ehh... - dijo Aspen, con timidez - Yo escapaba de una arpía y... esto... su hija me rescató y... últimamente me están pasando muchas cosas raras.
-Ah, sí, perdona cariño - mi madre le llama a todo el mundo cariño, me da mucha vergüenza - Soy Álex, Alexandra Penton, encantada.
Aspen iba a darle un apretón de manos, pero ella hizo una mueca, frunció el ceño y después le dio dos besos y un abrazo, dejando al pobre con la boca abierta.
Mi madre era muy guapa, tenía el cabello rubio platino, al igual que yo, los ojos verdes esmeralda y un tipazo de Barbie - esto último también lo había heredado de ella - y una sonrisa encantadora, además de bajita. Era muy amable, y todas mis amigas me decían lo bonita y buena que era mi madre. Yo nunca les había hecho mucho caso, pero, en el fondo, tenían toda la razón, aunque nunca le había dado mucha importancia. Mi madre olía a galletas caseras, y lo que más me gustaba de ella era que, cuando me abrazaba, su olor embriagador me reconfortaba, al igual que una sola de sus sonrisas o palabras de ánimo.
-Tenéis poco tiempo, Él os está buscando. Bueno, a vosotros y a todos los semidioses que hay sobre la faz de la tierra. Pero sobre todo a tí, hija. Eres la hija del dios más poderoso en este momento. Id al portal, dentro estaréis seguros.
-Pero... ¿quién es él? ¿y por qué nos busca? - pregunté alarmada - Y tú te vienes con nosotros.
-Sólo pueden ir semidioses. Lo siento, hija. Recuerda que te quiero - me abrazó - Nunca me olvides - parecía a punto de llorar. Su olor me llegó dentro de mí, y se enterró en alguna parte de mi corazón, escondiéndose de la realidad, quién sabe cuándo volvería a sentirla abrazándome -.
-Está... está bien.
No pude evitarlo. Dos lágrimas cayeron de mis ojos al suelo, las sentía en mi piel, aunque no me mojaban la cara. Era extraño.
Me dió un beso de despedida, tal vez, el último beso que recibiría de ella.
Nos condució hasta un gran círculo, que parecía no tener fin y a la vez tener igual de grosor que un folio de papel. Nos metimos dentro. Un torbellino de agua, oo, al menos eso me pareció a mí, nos transportó a un lugar mágico.
Un lugar, en el que nos esperaba mi padre cruzado de brazos y con una sonrisa. No sabía si echarme a sus brazos o hacerle una reverencia. Al final decidí quedarme quieta enfrente de él, para que diera él el primer paso.
- Muy bien, hija - me da unas palmaditas en la espalda - ¿te has mirado el collar últimamente?
-Sí, es una cuerda de...
-Ya no - me interrumpió - míratelo.
Bajé la vista hacia el collar, y me dí cuenta, en él había una preciosa cuenta color rojo fuego. Era preciosa.
-Pero...¿cómo...?
-Es un collar mágico para servicios a los dioses. Por cada semidiós al que traigas aquí, se añadirá una cuenta del color del elemento de su padre divino - hizo una mueca sarcástica y dijo - ¿a que es genial?
Quería preguntarle miles de cosas, pero tenía la lengu atrabada. No podía hablar. Inspiré hondo y le dije:
-¿Quién es el enemigo que quiere destruirnos? ¿Y por qué estoy sobre todo yo en peligro?
-Porque eres mi hija - contestó, haciendo caso omiso de la primera pregunta - Y porque aquí, en el Olimpo, las noticias corren rápidas, e incluso el enemigo se ha enterado de la faenita que me estás haciendo.
-Padre, no me has contestado a la primera pregunta.
-Lo siento Ally, otro día, hoy no puedo quedarme aquí mucho tiempo, o el enemigo me interceptará. Puede sentir grandes masas de agua si está cerca, por eso debo irme a la playa, a qualquiera, o meterme en el océano.
Me dió un beso rápido y añadió:
-Por cierto, te peresento a la Resistencia.
Y desapareció en un torbellino de agua.
Entonces, un grupo de chicos y chicas emergió de las sombras. Estaba temblando de miedo, y, detrás de mí, noté que Aspen también lo estaba haciendo.
El chico más alto, y, también hay que decirlo, guapo, se puso delante de nosotros y me tendió la mano.
Se la estreché con fuerza, intentando ocultar el temblor de las manos. Creo que debió notarlo, a pesar de mis esfuerzos, porque me dedicó una sonrisa tranquilizadora.
-Traquilos, somos de los vuestros. Tú debes ser Ally, encantado - me guiña un ojo y me da otra sonrisa - y tú, - gruñe - debes de ser... no lo sé.
-Aspen, me llamo Aspen.
-Esto.. encantado de conocerte, Casper.
Se oye un murmullo de risitas entre la multitud.
-Es Aspen, en realidad - dice molesto -.
-Sí... eso será.
Más risitas.
-Bueno, chicos, bienvenidos a la Resistencia. Aquí estamos los semidioses que han podido escapar de todos los monstruos que ha enviado Inferno a matarnos.
-¿Quién es Inferno? - pregunté.
-El enemigo del que te había hablado tu padre, Callie. Por eso es por lo que tu padre es el más importante. Los muertos no le hacen daño. Los rayos y truenos aumentan su poder, la naturaleza la quema, el vino le agrada. No se puede hacer nada contra él excepto una cosa...
Ahora lo pillo.
-Apagarle, reducirle a cenizas. Y eso sólo lo puede hacer mi padre.
-Eres lista, Ally, a diferencia de tu amiguito.
Me giré y observé a Aspen. estaba embobado, tal vez pensando en lo que me acababa de contar el chico misterioso. Puse los ojos en blanco, a veces podía ser muy idiota.
-Y tú, ¿cómo te llamas?
-¿Yo? Me llamo Vien.
-Encantada.
-Encantado, tu fama te precede.
¿MI fama? En fin.
-Y... ¿ ahora qué tengo que hacer?
-Ir a por el siguiente semidiós...
BIP, BIP, BIP...
BIP, BIP, BIP...
Era el móvil de Vien.
-¿Sí? Sí, soy yo.
-Ajá.
-Vale, claro, vamos para allá.
Su voz sonaba alarmada, algo no iba bien.
-Chicos, una patrulla de monstruos está al otro lado del río. Si se acercan descubrirán demasiado. Tenemos que matarlos antes de que descubran o noten algo. En marcha. Ally, tú dirigirás la patrulla de semidioses.
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